Nibali ‘da bola’ a Mosquera

Es probable que esta etapa con nombre novelesco, La Bola del Mundo, acabe por convertirse en una montaña histórica. Aunque por lo vivido el pasado sábado en sus infernales pendientes puede que ya lo sea. Imaginen por un instante esta cima sumada a la del Angliru en la misma edición de una próxima Vuelta a España. ¡Qué tiemble el Tour!

La batalla en esta ocasión repartía protagonismos. ‘Purito’ Rodríguez, Vicenzo Nibali y la baza española más sensata: Ezequiel Mosquera, competían por el trono de una Vuelta mermada por ausencias notables -Contador, Valverde, Samuel, Armstrong…- pero con estímulos (y puertos) renovados.

La etapa transcurrió en sus inicios con la tranquilidad que emana la meseta segoviana aunque en el seno del pelotón se podía apreciar el cuchicheo común de las grandes citas. Los tímidos intentos de fuga no tornaron en realidad y con esos ánimos calmados se llegó al final de Navacerrada con todo por decidir. Se esperaba mayor movimiento y órdenes agresivas desde el coche del Xacobeo Galicia pero Álvaro Pino -director del conjunto gallego- no mandó tirar a su pupilo hasta el final del puerto madrileño. Allí, Mosquera se vistió de campeón, se elevó en su bicicleta y encadenó un golpe de pedal con el que logró descolgar al corredor italiano. Las sensaciones hicieron presagiar un cambio de maillot en la etapa. Un final colorado, una sonrisa en los aficionados españoles y una anécdota épica para contar a nuestros descendientes.

Aquel arranque mermó las fuerzas de Nibali que aguantó en su bicicleta sacando fuerzas de donde fuese. Desde los riñones hasta los brazos. Y la cabeza, sobre todo la cabeza. Desde allí fue donde ‘el Tiburón’ se recompuso y fue recortando diferencias al coloso gallego que no quería mirar atrás. Quedaban únicamente tres kilómetros de caminos asfaltados y faltos de vegetación debido a la altura. Era la primera vez que se subía a la Bola del Mundo, pero pareció que Ezequiel se la conociese como la cuesta de su garaje.

El coruñés, a falta de fuerzas físicas, buscó amparo en su fortaleza mental y en la recompensa inmensa del maillot rojo. Cualquier poste o aficionado alto servía como referencia para los seguidores que seguían el espectáculo in situ o a través de su televisor. Las cifras hablaban de 20″ respecto a su perseguidor con lo que las bonificaciones dejaban más cerca el éxito. Pero no fue posible. El ‘Tiburón del Estrecho’ se retorció en su bicicleta y logró morder al veterano corredor que veía como se le escapaba la oportunidad de su vida. Aunque no la etapa. Mosquera cruzó la línea por delante del Liquigas elevando el orgullo de afición, rivales y patrocinadores. Quedaría descifrar si la ventaja fue real o regalada.

Aunque no fue esta la bola que repartiría el premio gordo. La Vuelta vuelve a tener un ganador italiano. Mosquera encontró al fin su triunfo parcial coincidiendo con la primera dentellada de un tiburón que sueña con hacer añicos la hegemonía del ciclismo español.

Nacho Labarga Adán

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